| A los ojos de la mayoría, las colmenas de turistas de la ciudad alicantina de Benidorm pueden parecer una agresión a cualquier sentido de la estética, pero para algunos arquitectos representa un modelo mucho más sostenible que el de las urbanizaciones que se expanden por la periferia. 'Benidorm es genial', asegura el arquitecto Luis Fernández-Galiano. 'Es una ciudad densamente poblada, pero construida en vertical, lo que supone muchos menos problemas medioambientales'.
En España, el problema de la expansión horizontal de las ciudades se ha definido con el nombre de ciudad dispersa, pero el término más utilizado es el de 'sprawl', que en inglés significa extenderse o repantigarse. Dentro de los retos planteados para luchar contra el cambio climático, el tema de la expansión horizontal de las ciudades quizá haya sido uno de los más olvidados. Un informe de la Unión Europea sobre 2006 se titula precisamente 'El reto ignorado' ('Urban sprawl in Europe. The ignored challenged'). La expansión a lo ancho supone un ingente gasto de recursos.
Ésa es la verdad incómoda de arquitectos como Luis Fernández-Galiano. En una conferencia organizada por la Fundación BBVA, el catedrático de proyectos arquitectónicos de la Escuela de Arquitectura de la Universidad Politécnica de Madrid aseguraba que la planificación de las ciudades es la solución a los problemas del clima.
La imposición viene impuesta a veces desde los propios gobiernos europeos. El caso más actual y el que ha despertado las críticas de los arquitectos es el de la Comunidad de Madrid. La 'Ley de Medidas Urgentes', aprobada recientemente por el Gobierno de Esperanza Aguirre, limita a cuatro alturas (tres pisos más un ático) los edificios que se levanten a partir de ahora en la región. La norma ha levantado sarpullidos en los arquitectos de Madrid. 'Esta ley supone una ruptura del modelo cultural', comenta Pedro Ortiz, portavoz de urbanismo del Colegio de Arquitectos de Madrid. 'Es la sustitución de la ciudad, del urbanismo latino por el modelo anglosajón'.
Desde la ética resurge el debate sobre qué tipo de lugares han de construirse para que los seres humanos ocupen el suelo sin dañar el medio ambiente. La solución está en manos de los gobernantes. 'Son ellos los que determinan cómo hacemos las ciudades', señala Fernández-Galiano. 'Es muy raro que los arquitectos renuncien a un encargo por razones éticas'. El catedrático matiza sus palabras recordando una frase del arquitecto Miguel Fisac, fallecido en mayo de 2006: 'Mis obras más importantes son las que no he hecho'. |