El BMW Welt se concibe como un híbrido en el que confluyen las funciones de museo y escaparate comercial, centro de venta y lugar de eventos culturales y de ocio, en un pasaje organizado bajo una única cubierta que trata de abrir un espacio, estratificado horizontal y verticalmente, antes que cerrarlo. El entramado circulatorio interior va guiando hacia las diferentes experiencias, con la cubierta del edificio como el elemento que establece el espacio interno: «El edificio de BMW ilustra nuestro deseo de construir nubes».
Su cubierta es una gran nube, una estructura espacialmente diferenciada que cubre un espacio sin apoyos, que no es una caja, ni un espacio expositivo convencional, sino que es un vestíbulo que, a través de la distorsión de la cubierta, genera varios focos principales en la percepción del espacio. Ella determina el espacio, lo diferencia, y bajo la misma instalamos mentalmente el escenario que nos permitirá después colocar sobre él las funciones. El cuerpo se remata en un doble cono unido al edificio por esta cubierta».
El interior se organiza en diferentes espacios temáticos que fundamentalmente definirán su programa como una especie de combinación entre «teatro» y «lugar de venta», un planteamiento que debe entenderse como resultante de la concepción de este edificio como una pieza urbana, que Prix compara con la Acrópolis de Atenas, «un edificio que constituía un referente urbano, y que no sólo actuaba como templo, sino como lugar de encuentro y centro de información». El interior presenta un juego laberíntico piranesiano que entiende la circulación interior como un paseo, a través del que surge una integración entre exterior-interior, ya que a través de su recorrido se crea una visión, casi en secuencia, de la ciudad circundante.