La tradición en Francia quiere que cada presidente legue a la posteridad un edificio destinado a un uso cultural. De esta forma, el nombre de Georges Pompidou quedará por siempre unido al Centro Pompidou (inaugurado en 1977), el de Valéry Giscard d'Estaing al museo de Orsay (1986), el de François Mitterrand a la Biblioteca Nacional (1995) y el de Jacques Chirac, último presidente por el momento, al museo del Quai Branly.
Visto desde fuera, este edificio situado en las inmediaciones de la Torre Eiffel, en uno de los barrios más elegantes de París, parece por voluntad expresa de su propio arquitecto, Jean Nouvel, "un lugar marcado por los símbolos de la selva y el río", "un lugar único y extraño" comparable a un "simple refugio sin fachada en medio de la foresta".
El conjunto pretende integrarse en su entorno. Ayuda en este sentido el hecho de que la imponente estructura del edificio no supere los 21 metros de altura. La presencia del jardín exótico y de los 26 pilotes que sostienen la cubierta metálica de 220 metros de largo permiten "respirar" al edificio.
Jean Nouvel ha puesto gran cuidado en utilizar materiales naturales como la madera. El resultado, deliberadamente irregular, es un conjunto de 30 "cajones" multicolores aflorando de la fachada: utilizados por dentro como espacios expositivos, estos cubos confieren al exterior volumen y armonía. En el lado que da al Sena y siguiendo la curva trazada por el río se levanta una empalizada de vidrio de 12 metros de alto y 200 de largo.
Con su jardín de 18.000 m2 poblado por millares de especies vegetales y un muro vegetal de 800 m2 tapizado por 15.000 plantas (150 especies de todo el mundo), el museo regala a París una zona verde en el corazón mismo de la ciudad.