Aunque el desarrollo actual en Pekín es casi enteramente vertical y de torres libres, esta microciudad de Steven Holl dentro de otra ciudad visualiza el espacio urbano como punto central y jerarquiza todas las actividades y programas que puedan apoyar la vida diaria de 2500 habitantes: los cafés, los delis, las lavanderías, tintorerías, florerías etc, alinean los principales pasos públicos.
La policromática arquitectura de la China antigua inspira una nueva dimensión fenomenal que se nota especialmente en la espacialidad nocturna. Las superficies inferiores de las porciones a cantiliver son membranas coloreadas que resplandecen durante la noche.
Las ocho torres están ligadas en el vigésimo piso por un anillo de cafés y de servicios. Centrado en la experiencia del paso del cuerpo a través de espacios, las torres se organizan considerando su movimiento, sincronización y secuencia.
El punto de vista cambia con una rampa leve para arriba, una vuelta derecha lenta. El elevador se desplaza como atajo a otra serie de pasos en algun nivel mas alto, que logra regocijar con exuberantes visiones periféricas.
Las torres encajonadas expresan una aspiración colectiva; en lugar de torres que se elevan aisladas o islas solitarias en una ciudad cada vez más privatizada. La esperanza de un nuevo tipo de vida mas colectiva en el Siglo XXI está inscrito en el aire.
La vivienda masiva tradicional en China ha sido históricamente estandardizada y repetitiva. Para romper el patrón en este nuevo sector urbano vertical se aspira a la individualizacion de la vida urbana con una enorme variedad de tipos de departamentos disponibles entre los 728 espacios habitables.
La construcción prefabricada de la estructura exterior de las ocho torres permite techos ligeros. Cada departamento tiene dos fachadas sin vestíbulos interiores. Los principios de Feng-Shui se siguen a lo largo del complejo. Cinco montículos con actividades recreacionales se ha formado con la tierra excavada de la nueva construcción.