Siguiendo los pasos de la misión de NOAA de vigilar y salvaguardar a la Tierra, los arquitectos han re-examinado la relación tradicional entre el edificio y su entorno: forma y terreno.
La premisa de diseño ha sido un reflejo de la misión medioambiental de las Instalaciones de Control de Satélites, la cual da prioridad al espacio abierto, reduce la presencia de la forma construida e integra la arquitectura con el entorno.
Un campo de antenas (los "ojos y orejas" del sistema de control) rematan la estructura de tres alturas, alzándose y barriendo el espacio para recibir información (datos visibles, brillos, campos borrosos, capas de nieve y hielo y humedad contenida en la atmósfera) desde los dieciséis satélites que monitoriza.
El icono de las antenas constituye el dominio visual del proyecto. Los departamentos que funcionan como el "cerebro" de las operaciones, control de misiones, control de lanzamiento y procesos de computación, están situados en una pastilla alargada.
Debajo de la esbelta pastilla yace el "cuerpo", una edificación con forma de disco que penetra entre la espesura del paisaje. Esta doble altura parcialmente sumergida alberga las oficinas y los servicios de apoyo.
La gran envergadura de las paredes interiores está cubierta por un mosaico de imágenes de la Tierra realizadas desde los satélites de NOAA, mientras que la superficie convexa del techo simula la curvatura del planeta vista desde el espacio.
La cubierta paisajista, verde y ondulante, tiene aperturas transversales que permiten el paso de la luz natural y crean amplios espacios en los patios interiores. Un vestíbulo de cristal, con su correspondiente punto de control de seguridad, media entre las dos partes arquitectónicas principales del "cuerpo" y el "cerebro".