Un edificio alto no es condición suficiente para lograr un rascacielos emblemático en el Siglo XXI. La sensación de un gran objeto solitario ha sido una búsqueda predominante del Siglo XX, donde la altura se limitó a una combinación de técnica de construcción y dinero.
El alto edificio solitario, hecho ya tantas veces, no importa si lo retocas, lo retuerces o lo vistes con materiales nuevos, seguirá más o menos siendo el mismo. Subir en ascensor al 'Empire State Building', las 'Sears Towers', la 'Pearl Tower' o cualquier otro solitario es, más o menos, la misma experiencia.
Para crear nuevas maravillas en el mundo deben encontrarse nuevas tipologías, siendo la arquitectura y la experiencia espacial, una vez más, la clave principal del éxito.
La tipología propuesta, trata de conseguir una experiencia única para cualquiera que visite, trabaje o viva en la nueva torre. La solución es separar el edificio en más de un centenar de elegantes torres, configurando un distrito mucho más interactivo e íntimo que una única gran masa de edificio con poca o ninguna interacción con sus usuarios.
El estrecho paisaje urbano ofrece impresionantes vistas verticales, tanto desde el nivel de la calle como desde el aire a través de las pasarelas que conectan las numerosas torres, sirviendo como apoyo estructural y para comunicación y observación.
La plataforma de observación no se configura únicamente como un punto alto, sino que se sitúa en muchos niveles y diferentes torres para obtener un espectro amplio de puntos de vista de la ciudad que la rodea, las propias torres, el paisaje montañoso e incluso algo tan lejano como el océano.
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