El Erecteión está situado en el extremo norte de la Acrópolis. La construcción de este complejo y singular monumento fue confiada a Mnesicles.
La primera fase de los trabajos se inició en el año 421 a.C. y llega hasta el 414. Interrumpidos los trabajos por las Guerras Médicas, no se reanudarían hasta el 409 a.C., siendo finalmente concluido el edificio en el 406.
Mnesicles hubo de salvar dificultades topográficas aún mayores que en el caso de los propíleos, pues el Erecteión se alza sobre un terreno que declina rápidamente hacia el norte y hacia el oeste, alcanzando un desnivel en el eje este-oeste de tres metros.
Pero, sin duda, no fue éste el mayor problema, sino el hecho de que en el espacio elegido para su ubicación tenían su sede los principales cultos tradicionales de la ciudad que el arquitecto hubo de respetar escrupulosamente. Fue este segundo hecho, en buena medida, el que condicionó la configuración final del edificio.
El Erecteión se puede considerar como la unión de dos edificios, cuyos pórticos se extienden a distintos niveles y en direcciones perpendiculares.
Al este está situado el templo próstilo hexástilo dedicado a Atenea, al oeste un falso pórtico del templo de Erecteo y al norte se abre al verdadero pórtico, tetrástilo de orden jónico muy estilizado.
Ubicado en el lugar donde Atenea y Neptuno lucharon por la posesión del Ática, sus muros además albergan el olivo de la diosa de la inteligencia, la huella del tridente del dios marino y la tumba del legendario rey Cécrope, árbitro de la disputa y fundador de la ciudad de Atenas.
Precisamente para integrar este antiguo enterramiento en el conjunto se dispuso uno de los elementos más característicos del templo, el pórtico de las Cariátides, que oculta la escalera que conduce a la tumba.
En el Erecteión se aprecia la evolución del estilo jónico, con columnas más finas que su vecino Atenea-Niké, entablamentos menos masivos y un completo repertorio ornamental.
Por otra parte, sus cariátides alcanzan una perfección compositiva por la que han pasado a la historia como modelo de este tipo de elementos arquitectónico-escultóricos de formas femeninas.
En suma, se puede considerar una pieza fundamental en la transición del periodo clásico al helenístico, tanto por la complejidad espacial como por su riqueza formal. |