El arquitecto Sóstrato de Cnido recibió en el 279 a.C. un encargo del rey Ptolomeo I para construir una torre en la isla de Faro (Pharos), frente a Alejandría. Las obras acabaron durante el gobierno de su hijo, Ptolomeo II.
Su finalidad sería servir de guía para los navegantes hacia la entrada del puerto más importante de la época. Grandes bloques de vidrio fueron utilizados como cimientos intentando aumentar la solidez y resistencia contra la fuerza del mar.
Bloques de mármol unidos con plomo fundido constituyeron el resto del edificio, de forma octogonal sobre una plataforma de base cuadrada, hasta alcanzar una altura de 134 metros.
Sobre la parte más alta se colocó un gran espejo metálico para que su luz no se confundiera con las estrellas. Durante el día reflejaba la luz del sol, y por la noche proyectaba la del fuego a una distancia de hasta cincuenta kilómetros.
Fue severamente dañado por los terremotos de 1303 y 1323 d.C, y los restos desaparecieron en 1477 cuando el sultán de Egipto Ashruf Qaitbay empleó los bloque petreos de las ruinas para construirse una fortaleza en el lugar.
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