La Necrópolis de Banditaccia, situada en las cercanías de la localidad de Cerveteri, posee miles de tumbas cuya disposición está organizada en función de un plan urbanístico análogo al de una ciudad, con sus barrios, calles y plazuelas.
Las tumbas de este cementerio son de tipos muy diferentes: túmulos, zanjas excavadas en la piedra y oquedades practicadas en la roca en forma de chozas o casas con gran profusión de detalles estructurales, que hacen de ellas los únicos vestigios de la arquitectura residencial etrusca.
Esta gran necrópolis no sólo es testigo de los ritos funerarios practicados por los etruscos desde los Siglos IX a III a.C, sino también de las realizaciones de la cultura de este pueblo.
En realidad, se trata de los primeros vestigios de la cultura etrusca que durante nueve siglos fue la primera civilización urbana del Norte del Mediterráneo, que son inscritos en la Lista del Patrimonio Mundial.
Algunas de sus tumbas, excavadas en la roca y rematadas por túmulos impresionantes, algunos de 30 metros de diámetro. Cubrían grupos imitando el interior de una vivienda, subdividida en habitaciones, con imitaciones de las puertas, ventanas, columnas, mobiliario, camas funerarias.
Otros sepulcros tienen escavaciones de forma cuadrada, donde se situaban las tumbas, formando un plano que refleja la disposición urbana del asentamiento. Muchas de estos enormes sepulcros están adornados con bajorrelieves o pinturas murales de calidad excepcional.
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