El templo pierde la autarquía que poseía en la arquitectura griega y se incorpora a grandes conjuntos en los que las terrazas, los pórticos, las plazas adquieren un auge comparable al de los santuarios helenísticos de Kos, de Pérgamo y de Lindos.
La Acrópolis de Baalbek es el mayor y mejor conservado ejemplo de la arquitectura romana que ha llegado hasta nosotros, y su Templo de Júpiter el mayor de todos los conocidos.
En otras palabras, una obra auténticamente monumental. Éste era un edificio de estilo corintio, con 10 columnas en cada frente y 19 en cada lado, cada una de 18,9 metros de alto y 2,3 de diámetro (de éstas quedan en pie en la actualidad sólo seis). Las 84 columnas del pórtico estaban talladas en granito rosa procedente nada menos que de Assuan (en el Alto Egipto).
Al parecer, este templo se hallaba dedicado a tres deidades: el dios del trueno sirio Hadad, asimilado a Júpiter, la diosa siria de la naturaleza Atagartis, asimilada a Venus, y un joven dios, Aliyan, probablemente un espíritu de la vegetación, igualado por los romanos con Mercurio.
Se cree que el Templo de Júpiter fue concluido hacia el año 60 a.C. |