La Secesión vienesa formó parte del muy variado movimiento modernista. Como proyecto de renovación artística trata de reinterpretar los estilos del pasado ante los embates de la producción industrial contra el arte y la sociedad de la época. El idealismo contrasta con los problemas sociales, económicos y políticos al finalizar el Siglo XIX.
Su primer presidente fue Gustav Klimt. Los portavoces de este movimiento son Gustav Klimt, Koloman Moser, Ferdinand Andri y Joseph Maria Olbrich, arquitecto que construyó en 1897 el Pabellón de la Secesión de Viena, para las exposiciones del grupo de la Secesión, conservando en su interior un precioso friso de Klimt.
Sobre la puerta de entrada, conocida popularmente como 'Repollo de Oro', puede leerse 'A cada época su arte, a cada arte su libertad'.
En la Secesión, a diferencia del coetáneo Art Nouveau, aunque se busca la elegancia predomina la sobriedad formal e incluso cierta severidad, sólo transferida por un expresionismo, cuya ruptura incluye a la Secesión dentro del vanguardismo. Esta expresión despoja de velos y accesorios al arte, sirviéndose del arte exterior como inspiración y análisis. Los trabajos son muy estructurados, dándole gran importancia al orden, el equilibrio y la geometrización (el cuadrado y el cubo son repetidos continuamente). La decoración no es orgánica, ni naturalista sino estilizada y abstracta. La tipografía adquiere un valor formal, compositivo y comunicativo.
En 1903 se formó un nuevo agrupamiento de artistas formado por Klimt, Egon Schiele, Oskar Kokoschka y otros. |