La figura de Auguste Perret es una de las más singulares de la arquitectura contemporánea. Pionero en la utilización racionalista y estructural de los nuevos materiales, fundamento de la composición, no pudo olvidar nunca su formación clasicista.
Su primera obra importante fue el edificio de apartamentos en la Rue Franklin, en París, proyecto de 1903 que presenta una fachada compuesta de manera neoclásica basada en valores plásticos, manteniendo la alineación en planta baja.
La estructura se manifiesta como un elemento visto en la fachada que marca su forma de hacer posterior. Esta obra presenta estancias compuestas con historicismo siguiendo además el método compositivo académico de tabiques cortos con grandes espacios.
Una vez comprobada la enorme ductilidad del hormigón, no lo usó para formular un nuevo concepto del espacio sino para recrear los de la historia, dotándoles de una tensión enormemente atractiva, unas veces parafraseando el clasicismo, otras revistiéndolo de una rica ornamentación.
Es el anuncio del uso del hormigón en la fachada y de la separación de la estructura del relleno para conseguir dejar la arquitectura volada. El uso del hormigón como elemento válido en cualquier estructura del edificio y como ornamento en las fachadas son aspectos clave de su obra.
Muchos consideran a Auguste Perret como el padre del hormigón, ya que fue el primero en usarlo como elemento constructivo y estructural, además de elemento ornamental, presentándose en ocasiones desnudo al exterior. Esto ha sido utilizado con la misma intención y reinterpretado por un gran número de artistas posteriores.
Fue Auguste Perret junto con Toni Garnier , el arquitecto más representativo del nuevo clasicismo francés que apareció en París a comienzos del Siglo XX. |