La Unidad de Habitación de Marsella es uno de los proyectos icónicos de Le Corbusier y una referencia para cualquier arquitecto.
Comienza a ser planeada inmediatamente después de la Segunda Guerra Mundial (1945-46), comenzando la construcción en 1951. El edificio proyectado para 1.600 habitantes es una enorme construcción de 140 metros de largo, 24 metros de ancho y 56 metros de altura, y preveía un funcionamiento interno de más de 26 servicios independientes.
El arquitecto se inspiró en los estudios de los tempranos edificios Comunales Soviéticos como el Narkomfin Building, en Moscú. Fue construido en hormigón ya que la estructura de acero era demasiado cara tras la Guerra. Esta sustitución del material influyó en la arquitectura Brutalista, inspirando diversos complejos de viviendas.
Cada piso contiene 58 apartamentos en dúplex accesibles desde un gran corredor interno cada tres plantas; algunos apartamentos ocupan la planta del corredor y la inferior, otros la del corredor y la superior.
El proyecto fue la primera oportunidad para Le Corbusier de poner en práctica las teorías de proporción y escala que darían origen al Modulor. Al mismo tiempo constituía una visión innovadora de integración de un sistema de distribución de bienes y servicios autónomos que servirían de soporte a la unidad habitacional, dando respuesta a las necesidades de sus residentes y garantizando una autonomía de funcionamiento en relación al exterior.
Esta naturaleza autosuficiente pretendida por Le Corbusier era la expresión de una preocupación que comenzaba a surgir en los años veinte, en sus análisis de los fenómenos urbanos de distribución y circulación que empezaban a repercutir en la sociedad moderna.
Su concepción formal asimilaba los principios del arquitecto. Asentado sobre pilotes en hormigón armado, el edificio se eleva del suelo para liberarlo y permitir una permeabilidad, situándose bajo el edificio los accesos a las comunicaciones verticales.
Estos conceptos se volverían parte de la iconografía de Le Corbusier, que así dramatizaba la necesidad de relación de la construcción con el entorno urbano.
Otro aspecto muy interesante de la Unidad de Habitación consiste en la utilización de la azotea como centro de funciones, siendo uno de los espacios de mayor vitalidad. Este espacio común incluía una pista de atletismo de 300 metros, una piscina, un gimnasio cubierto, un club, enfermería, guardería y espacio social. En la terraza también se sitúan esculturales chimeneas de ventilación.
Las unidades habitacionales de Le Corbusier en Marsella, consolidaron los conceptos que venía desarrollando en torno a la idea moderna de habitar. Los principios procedían de una idea de arquitectura producto de la racionalidad, como instrumento para ordenar el ambiente urbano y configurar un sistema social para ofrecer mejores posibilidades a los grupos humanos.
La creación de una nueva mecánica de circulación, la organización de funciones así como la concepción de un sistema de relaciones integradas, eran herramientas usadas de un modo disciplinado que reflejaban la enorme voluntad de intervenir en el proceso de la arquitectura y de la sociedad modernas.
La utopía de Le Corbusier fue repetida posteriormente utilizando el mismo nombre y un diseño similar. Otras Unidades fueron construidas en Nantes, Briey, Firminy y Berlín.