La Fundación Pritzker ha considerado que Sejima y Nishizawa "exploran como pocos cualidades como la transparencia y la ligereza logrando edificios que contrastan con el impacto y la retórica de mucha de la arquitectura actual. Su búsqueda es de economía de medios, de claridad, de precisión".
"Cuando permaneces en la parte más alta de la colina puedes no ver las otras colinas, pero podrías oír susurros, podrías no ser capaz de ver la otra parte aunque tu cuerpo pueda sentir que existe una conexión con el otro espacio." [SANAA].
"Los edificios se reflejan o se transparentan y serpentean ligeramente con las suaves curvas del lugar. La naturaleza se fusiona con las estructuras creando reflejos borrosos de los alrededores, cambiantes con el escenario, el tiempo meteorológico y la posición de la persona que observa."
Una ruta brillante ondula entre las palmeras y asciende 64 metros en espiral hacia el cielo, ofreciendo una vista a través del palmeral y de la ciudad y proporcionando una experiencia entre las palmeras en una escala humana y urbana.
"[...] Funciona como un campo de actividades sin muros, permitiendo las vistas ininterrumpidas a través del parque e invitando al acceso desde todos los lados. Es una extensión refugio del parque donde las personas pueden leer, relajarse y disfrutar románticos días de verano."
El proyecto se compone de cortinas acrílicas organizadas en una espiral en el interior del pabellón, reflejando y distorsionando las vistas a través de la estructura.
El Nuevo Museo de Arte Contemporáneo se suma a la rica oferta cultural de Nueva York, con su reapertura en un original edificio de cubos rectangulares diseñado por los arquitectos japoneses Kazuyo Sejima y Ryue Nishizawa, del estudio SANAA, en la parte baja de Manhattan.