Rafael Viñoly, afrontó un desafío único: la configuración de una estructura horizontal en un lugar desigual. El proyecto tiene como objetivo fomentar la colaboración intensa y la comunicación cruzada entre científicos que representan un amplio espectro de disciplinas y laboratorios.
El diseño del complejo se divide en un par de alas separadas que se presentan opuestas entre sí (una podría personificar el clásico hemisferio izquierdo del cerebro, mientras que la otra sería la metáfora del cerebro derecho).
Incluye, entre otras cosas, oficinas, un hotel boutique, un hall de exhibiciones, auditorio, librería gimnasio y piscina. En el exterior se extienden espacios de ocio y descanso para los empleados.